Crónicas de trabajo en el ciber - locutorio

Crónica de como me aburro (y me divierto) día a día en mi nuevo trabajo.

31 julio 2006

Soy nena grande!!

Ah... pensar que cuando entré acá no sabía nada de nada.
Las fotocopias nunca me quedaban bien. Nunca pero nunca.

Cuando tenía que hacer fotocopias doble faz era como si tuviera que escalar el Everest sola.

La primera vez que se acabó el papel de la fotocopiadora casi me desmayo... ¡No sabía que hacer! Tuve que abrir el paquete de hojas, abrí lo que suponía que tenía que abrir de la fotocopiadora, puse las hojas... ¡y anduvo! Me agarró mucha felicidad.

Ay, y cuando pensaba que el piso se limpia una vez y queda... aaahhh, ¿no era adorable?

Además llegaba distinta a trabajar. Me sentía como inferior a la gente... no sé si inferior, pero estaba dispuesta a ayudar a la gente en lo que fuera necesario, y era súper buena con todos, súper dulce e inocente. Sonreía a todos y seguía las conversaciones.
La gente pensaría "¡qué chica más dulce!" porque siempre hablaba de manera delicada y suave (tengo la voz de una nenita de segundo grado, eso ayudaba).
Ah, que bellos recuerdos... esos días en los que confiaba en la gente, y creía que todos eran honestos... ah... esos días...
Esos días en los que "desaparecieron" las tarjetas telefónicas del cajón del cual yo no tenía llave, y estuve dispuesta a pagarlas todas y cada una, sin sospechar de nadie, sólo pensando que un perverso de mente retorcida me las robó para hacer un mal... de una manera que yo no entendía, porque las tarjetas estaban en el fondo del cajón y por detrás del mostrador... pero no importaba, había sido alguien malo, al que no ví...

Ah, esos días en los que no sabía el gran secreto "no confíes nunca en NADIE" aaahhh... aquellos días...

Sí, y de a poco fuí creciendo, y aprendiendo como son las cosas en el mundo real... me dí cuenta de todo realmente cuando faltaban 5 días para pagar todas las tarjetas y "desaparecieron" misteriosamente unos celulares, que, claro, me dijeron que desaparecieron en mi hora y era mi responsabilidad, por ende, los tenía que pagar yo. Ah, y cuando me enfrenté a esas mentes malvadas y les dije que me iba si me las hacían pagar... aaahhh, qué recuerdos, el día que Mechicabota se levantó por sobre todos y se dió cuenta de que la gente es mala... sí, el día en que me dí cuenta que caritas felices ocultan un alma podrida...

Pero ellos pagan.
Yo sufro, pero me levanto de entre mis cenizas.
Ellos nunca ganarán nada.

El dinero no une, no hace madurar, ni educa.
Sólo te compra una moto.

Puedo vivir sin moto. No puedo vivir sin la lección aprendida.

Capítulo cerrado.

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1 Comments:

Blogger Enrra said...

Igual siempre es preferible tratar con gente desconsiderada que con gente idiota. Lo terrible es cuando tenes un jefe desconsiderado, idiota y avaro, como el jefe que yo tenia antes. @.@

10:25  

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